Las pantuflas andariegas

                 pantuflas.jpg

¿Quién no tiene o tuvo alguna vez un par de pantuflas? Son tan cómodas, prácticas, calentitas, que nadie puede no quererlas un poco. Las hay de peluche,  toalla, piel de cordero, cuero, seda, con diferentes formas y colores, rayadas, escocesas , con caritas de animales ,cintas ,moños, pompones…

  Lo que creo no es tan frecuente, es tener un par de pantuflas medio loquitas,simpáticas y un tanto inquietas, como las de mi amiga Violeta.

    Ella es muy especial, porque juega, habla y  trata a sus pantuflas cual si fueran muñecas o tuvieran vida propia. Siempre le gustaron  blancas, peludas, abrigadas, suaves,  pero éstas, además, son  muy especiales. Ya verán por qué…

    Por las noches, Violeta suele peinar a sus muñecas, mientras les cuenta historias de princesas y también  peina a sus pantuflas porque son por demás de celosas, aunque a ellas suele contarles cuentos de terror, que son sus preferidos. Violeta las bautizó “Las Melli”, porque son tan igualitas…

    Lo cierto es que, mientras ella asiste a la escuela, las Melli descansan en su habitación, debajo de la cama. Claro que esto no es tan divertido, entonces un día se les ocurrió salir a la calle a dar un paseo.

Ni bien llegaron a la esquina, un perro las confundió con un par de caniches Toy y las comenzó a correr, ladrando como loco. Estaban tan asustadas, las pobres, que corrieron  requeterápido, hasta  que llegaron a la plaza .Por suerte, el perro las perdió de vista una cuadra antes, por ser muy pequeñas y escurridizas.

En la plaza, subieron por la escalera del tobogán y, al llegar a lo alto, se marearon un poco. Tomando coraje, cerraron los ojitos y se deslizaron. Como les gustó  esa sensación extraña y  por demás de novedosa, subieron varias veces, hasta que se cansaron y  fueron a tomar agua del bebedero para refrescarse un poco, aunque, además de calmar la sed , se empaparon.

¡No se imaginan cómo les quedaron sus suaves pelos con tanta agua y tierra!

Como tenían ganas de seguir divirtiéndose y vieron que había unos niños jugando al fútbol , hacia allí fueron, pues no se lo quisieron perder y, entre zapatillas embarradas, se colaron para patear la pelota. Nunca habían jugado así y estaban por demás de contentas, hasta pudieron hacer un gol. Claro que con tanto pisoteo, quedaron todas sucias, aplastadas y despeinadas. Ya no se veían tan blancas y bonitas…

La gente no podía creer lo que veían sus ojos ¿Pantuflas jugando solas?-se preguntaban.

  Al rato nomás vieron unas pequeñas huellas muy marcadas de zapatillas  que les llamaron la atención.

  -¿Qué tal si seguimos estas huellas? – dijo una y allá fueron.

Recorrieron todo el largo camino siguiendo las huellas, que se perdieron en el arenero. Claro que como nunca habían estado en la arena y era muy divertido, jugaron allí un buen rato, haciendo pozos, modelando siluetas de animalitos, armando pequeñas bolas y arrojándolas a los niños que jugaban por ahí, hasta que uno comenzó a llorar porque le había entrado arena en los ojos, entonces se fueron rápidamente, no fuera cosa que alguien les llamara la atención.

Estuvieron casi toda la tarde recorriendo las calles, paseando por las veredas, saltando las baldosas flojas, aunque, como había llovido la noche anterior, quedaban charquitos de agua  sucia y, al pisarlas, salpicaban para todas partes. La Melli se divertían al ver las caras de las señoras tan molestas por mojarse los zapatos con el agua sucia que saltaba de debajo de las baldosas flojas que ellas pisaban con fuerza.

 Lo que les llamó mucho la atención fue la cantidad de negocios sobre la avenida. Se pararon ante cada vidriera, mirando asombradas, hasta que encontraron una zapatería que tenía muchas pantuflas. Sin dudarlo ni un instante, se detuvieron a mirarlas  y hasta pudieron reconocer a sus coquetas primas de seda, a las tías de cuero, las pequeñas de peluche y muchas otras bellas pantuflas más que parecían sonreír a través del vidrio. Las Melli, muy pillas, les tiraron besos y mandaron saludos para toda la familia.

   Al regresar a la casa, estaban irreconocibles, por lo sucias y alborotadas. No se atrevieron  a subir así al cuarto de Violeta, entonces se quedaron descansando en el lavadero.

Cuando la mamá de la niña las vio, rápidamente las metió en el lavarropas. Era muy gracioso  ver, a través de la puerta frontal transparente, cómo daban vueltas, mientras sus ojitos giraban por estar tan mareadas. Claro que, con la espuma del jabón, les ardían un poco  y luego tuvieron que cerrarlos. Las Melli se movían de aquí para allá, giraban, se estiraban y luego acurrucaban. Ni les cuento cómo les fue con el centrifugado…

La mamá de Violeta las colgó en la cuerda de la ropa para que se secaran y allí quedaron abrochadas, muy quietitas y limpitas (al menos eso pensó la mamá de la niña).

Al llegar de la escuela, Violeta tomó la merienda y subió a su cuarto a quitarse el incómodo uniiforme. Claro que, al buscar sus pantuflas debajo de la cama, notó con asombro que no estaban.

-¿Mamá, no viste a las Melli? – gritó desde arriba.

- Sí, las lavé y están en la cuerda secándose- le contestó, pero cuando Violeta fue a buscarlas, estaban solamente los broches.

¡No me van creer si les digo que las muy andariegas andaban caminando sobre la cuerda, cual dos equilibristas del circo, muertas de risa!

                                                            Claudia Beatriz Felippo                                                    

 

 

 

|

Comentarios

Yo tengo unas tristes y aburridas ojotas, que no hacen nada!! Precioso el cuento, las melli son geniales!

Responder

¡Cada vez derrochas más ternura e imaginación, estos cuentos son una preciosidad!!! Me encanta la sección en que destacas los más leídos, me parece muy buena idea.

Besos.

Responder

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar