Cuentos en la selva

 

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    Me han dicho que un extraño bicho le ha picado en el dedo índice de su mano derecha a Martín, el mejor dibujante de cuentos de la historia y parece que ahora, cada vez que intenta dibujar, le sale todo mal. Es por tal motivo que, en el nuevo libro de la selva, se han puesto de mal humor más de un animalejo, desde el más joven al más viejo.

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No es para menos, si la pobre cebra en vez de rayada, ahora es cuadriculada, el rey león en lugar de frondosa melena, tiene unos paupérrimos pirinchos, el elefante tiene más cola que trompa, el cocodrilo es largo y ancho como una  gran canoa,  el mono tiene dos medias lunas a modo de orejas, la jirafa, menos cuello que un jabalí y el hipopótamo, sin patas,  debe reptar para ir a nadar. Ni hablar de los insectos, pues parece que  los moscardones y moscas no tienen  alas y, en su lugar, le han salido una especie de brazos raros parecidos a los tentáculos de los pulpos.

     Lo peor de todo es que con ese mal que le aportó el bicho endemoniado, el dibujante no se ha dado ni por enterado de su problema y continúa dibujando. No es que la vista esté también deteriorada, lo cual no le permite ver,  sino más bien que el virus le ha trepado por todo el cuerpo y el pobre ni se dió cuenta de los errores y sigue con su tarea como si nada.

    La verdad es que, cansados ya los animales de tanto atropello, decidieron reunirse por las noches, mientras el  pobre hombre descansa, para confabular un sutil plan de  venganza y dar así por terminada esta historia.

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      Así fue que, luego de pensar  un largo rato, el león propuso asustarlo con su feroz rugido, mientras  tanto el elefante intente quitarle los lápices con su trompa. Para ello, el mono deberá  escuchar el zumbido de los moscardones y dar aviso al hipopótamo para que salga del agua y lo distraiga. Todos estaban elaborando dicho plan sin darse cuenta de que el búho  los oía desde arriba de una rama del viejo árbol y al momento dijo:

-Si me permiten, voy a decirles algo que podría ayudarlos y que aprendí  después de estar tantos años posado sobre este sabio árbol.

-Claro que sí, díganos- contestó el león, quien por ser el rey de la selva, siempre lleva la voz cantante en el grupo.

-Por empezar, les informo que un par de medias lunas no permite oír con claridad, un león sin melena es apenas un cachorro y los cachorros no rugen con potencia, un elefante con su trompa muy pequeña no puede hacer movimientos con amplitud y mucho menos sostener tantos lápices, un hipopótamo sin patas demora mucho tiempo en salir del agua y los moscardones no pueden zumbar si poseen tentáculos en lugar de alas. Por lo tanto, les  diría que piensen  otra manera de resolver el problema.

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     Los animales conversaron y discutieron un buen rato, luego de agradecerle al búho su colaboración, hasta que decidieron elaborar otro plan.

    La jirafa, llevaba una larga bufanda, regalo de  su amiga cebra, quien la había mandado a tejer con lianas, de esas que cuelgan de los árboles. Como ahora su cuello era muy corto, la bufanda arrastraba por el piso varios metros, a modo de alfombra y sobre ella, se posaban las aves, de vez en cuando, para descansar. El mono pensó que con ella podrían atarle las manos al dibujante para que no continúe con la obra, pero al oír esto los pájaros, se opusieron y volando en círculo de manera desafiante sobre los animales, lograron que  dieran por descartada la idea. No sea cosa que les picoteen las cabezas.

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      La cebra, luego de pensar y pensar, dijo que si tuviera que sacrificarse por sus amigos, lo haría sin dudarlo. Esto lo llevó al hipopótamo a proponer otra idea para entretener al buen hombre. Muy distendido, propuso que invitara  a éste a completar un crucigrama con el lápiz negro sobre la piel cuadriculada de la cebra, para distraerlo, mientras tanto ellos buscaran todos sus lápices de colores y pasteles, ya que sin éstos no podría terminar las ilustraciones del cuento.   El moscardón verde dijo que, de todos modos, podría continuar su libro en blanco y negro, tan sólo con el lápiz negro que utilizara para completar el crucigrama, sobre el blanco papel  que suele usar para sus dibujos.

   Hasta ese momento, el único que no había aportado  ni una idea, ni dicho una palabra, era el cocodrilo, quien solamente escuchaba a cada uno de los animales sin emanar sonido. Muy pensativo y concentrado pidió la palabra y dijo:

   -Si nosotros tenemos  un cuerpo, una voz, una vida y un espacio para disfrutarla, es porque este buen hombre se tomó el tiempo para elaborar una historia y hacer nuestros dibujos, aunque en lugar de un hermoso cuerpo me haya hecho una especie de barcaza flotante. Creo que todos nosotros le debemos nuestra existencia y tendríamos que hacer algo para ayudarlo a mejorar su  salud,  curándole el dedo. De esta manera, podría dibujarnos como en verdad deseamos y él se sentiría mucho mejor. ¿No les parece?

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    -Sí- exclamaron al unísono y  luego aplaudieron al cocodrilo para demostrarle que tenía mucha  razón. Inmediatamente se pusieron a pensar cómo podrían hacer para curar al autor e ilustrador del cuento. Tardaron un largo rato en ello hasta que un sapo se asomó por entre las plantas y, saltando sobre la alfombra de lianas, dijo:

   -Ofrezco mi cuerpo  de “sangre fría” como medicina natural. Con sólo ponerme sobre su mano, la inflamación decaerá y él podrá sentirse más aliviado. Claro que ello le llevará algunos días. Tal vez sería mejor que todos ustedes desaparezcan un tiempito para que  no se sienta obligado a continuar con su historia y le dé tiempo al dedo a deshincharse.

-¡Tengo una idea!- agregó el búho, desde arriba del árbol,  siempre atento a los acontecimientos- Les propongo que se tomen unos días de vacaciones. Podrían  salir de paseo viajando sobre la canoa, perdón, digo sobre el cocodrilo, hasta que la inflamación desaparezca. Si él deja de trabajar unos días, será más rápida la curación y cuando esté bien, podrá terminar su historia y retocar los errores en sus dibujos, para felicidad de todos.

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   Entonces, los animales del cuento,  salieron  de vacaciones por unos días, navegando junto al cocodrilo-canoa,  mientras tanto Martín descansaba con el sapo frío, requetefrío, sobre su mano,  acomodado  de manera tal que su panza  helada estaba especialmente apoyada en el dedo hinchado.

     Día a día, el dedo de Martín fue mejorando y, para cuando los animales de la historia regresaron,  estaba perfectamente  en condiciones de dibujar a cada uno de ellos como debe ser, a saber…

     la cebra, rayada; el león, con frondosa melena; el elefante, con una trompa bien larga; el cocodrilo, como todo cocodrilo; el mono, con dos hermosas orejas; la jirafa, con un larguísimo cuello; el hipopótamo, con patas de hipopótamo; las moscas y moscardones, con sus pares de alas bien definidas para lograr ese zumbido especial tan característico.

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   Al ver que todo volvía a la normalidad, los animales del cuento, el dibujante, el búho y el sapo estaban  más que felices, aunque debo aclarar que los pájaros no estaban  muy contentos que digamos, porque al tener  la jirafa su largo cuello,  podrá usar su bufanda bien enroscada y sin arrastrarla.

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   Así fue que, de las peripecias sufridas a causa del dedo hinchado de la mano derecha de Martín, por la picadura de aquel bicho raro, nació esta descomunal historia, por lo cual ahora, dibujos más, dibujos menos, existen dos nuevos... cuentos en la selva.

 

                        Claudia  Beatriz  Felippo

 

 

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Comentarios

me gusta el cuento esta chevere y la pagina tambien ......

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ola me gustoooo muxo tu cuento esperooo que puedas seguir publicando mas y el de tambien una linda mujer cm tu escribe unos lindos cuentos cdtm y q tengas un lindo dia besos apra ti  de parte de dyustin 

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Excelente, felicitaciones, te envio una sonrisa. -----------------

CARLOS IVAN ONTIVEROS CARIVANO

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Muy lindo ma, te quiero muchísimo! beso

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Querida Claudia: Gracias por tus palabras. Sabés que te re quiero y me encantan todos tus cuentos.No tenés nada que agradecer. Te doy el cariño y apoyo que también recibo de vos. TE FELICITO POR TODAS TUS PUBLICACIONES.Besito.-
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